Tener un día rojo

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– Escuche, ¿sabe cuándo uno pasa por los días rojos?
– ¿Los días rojos? ¿Quiere decir deprimidos?
– No. Te deprimes cuando engordas o cuando llueve mucho. Te pones triste. Eso es todo. Los días rojos son horribles. De repente, uno tiene miedo y no sabe por qué.
– Por supuesto.
– Cuando me siento así, lo único que me ayuda es subir a un taxi e ir a Tiffany’s. Me calma los nervios enseguida. Es tan silencioso y soberbio. Allí no puede ocurrir nada malo. Si encontrara un lugar que me hiciera sentir como Tiffany’s, entonces compraría muebles y le daría un nombre al gato.

Esa era una de las tantas memorables conversaciones entre Holly Golightly (Audrey Hepburn) y Paul ‘Fred’ Varjak (George Peppard) en Desayuno con diamantes. La dulce Holly, más allá del aspecto sofisticado, escondía su fragilidad detrás de unas gafas de sol, un vestido negro de noche y un collar de perlas. Y así, metida en su disfraz de Cenicienta del siglo XX, huía de sus miedos por la ciudad de los rascacielos en busca de cobijo. Su refugio se llamaba Tiffany’s y estaba repleto de diamantes y anillos de pedida que le recordaban que no había sido afortunada en el amor. Pero allí ella se sentía a gusto, contemplando su sueño inalcanzable, ataviada debidamente para hacer más placentero el autoengaño.

Al ver una vez más la escena de la mítica historia ideada por Truman Capote, no puedo evitar preguntarme: ¿Somos todos como Holly? ¿Cada uno de nosotros tiene su propio refugio, aquel sitio que le transmite paz, que le permite escapar de sus tormentos? Una joyería, un paraje, una calle, una canción, un recuerdo…Si me paro a pensarlo, debo reconocer que yo tengo mi propio Tiffany’s. Ese lugar que me sosiega, que me ayuda a evadirme, que me transmite paz. Es un sitio al que hace mucho tiempo que no he ido, no con la intención de huir de nada.

Me parece muy saludable, incluso diría que necesario, que cada persona tenga ese lugar al que acudir cuando siente incertidumbre, dudas, miedo, nervios…Ese sitio que transmite calma, que invita a soñar y a ser libre. Imagino que todos necesitamos un refugio. Holly lo dejó bien claro. Puedes ser quien quieras, pero al final siempre te encuentras contigo mismo. Y, a menudo, cuando eso ocurre es cuando necesitas huir porque te sientes frágil y vulnerable y es entonces cuando ese sitio mágico te cobija y te calma. Pero quizás lo mejor de tener tu Tiffany’s no sea el hecho de haberlo encontrado para poder acudir a él, sino olvidar que existe porque ya no necesitas huir de nada.

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Los chicos de ‘Friends’

friends-anos90El 6 de mayo de 2004 se terminaba una de las series con más éxito de la historia de la televisión; la mítica Friends se despedía de sus seguidores después de 10 años en antena. Considerada una de las mejores sitcoms de todos los tiempos, el adiós de ‘los amigos de la tele’ dejó a miles de fans con la lagrimita en los ojos tras ver vaciarse el apartamento de Greenwich Village, edificio de peregrinaje de todos los seguidores de la serie que viajan a Nueva York. Durante años lo sabíamos todo sobre Jennifer Aniston, Courtney Cox, Lisa Kudrow, Matt LeBlanc, Matthew Perry y David Schwimmer. Pero, después de más de 20 años tras la emisión del primer capítulo de la serie, ¿qué ha pasado con cada uno de los seis protagonistas?

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Courteney Cox (Monica Geller)
Tras el fin de Friends llegaría también el fin de la saga Scream, en la que Courteney Cox intervino y de la que se rodó la última película en 2011. Fue uno de sus trabajos más importantes en el cine porque Cox se ha centrado más en la tele. Trabajó en la serie Scrubs y desde 2009 protagoniza Cougar Town, comedia de bromas fáciles y poco resultonas en la que hizo un cameo su gran amiga en la ficción y también en la vida real, Jennifer Aniston. De hecho, Aniston es la madrina de la hija de Courteney. Fue durante el rodaje de Friends cuando Courteney contrajo matrimonio con el también actor David Arquette, a quien conoció en 1996 durante el rodaje de Scream y con quien tiene una hija de 10 años, Coco Riley Arquette. Fueron 13 años de relación que terminaron en 2010. Desde 2014 Cox sale con el productor musical Johnny McDaid.

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Jennifer Aniston (Rachel Green)
Jennifer Aniston era la actriz más envidiada de Hollywood cuando terminó Friends. En el ámbito laboral, se había labrado un camino como actriz de comedia y, de hecho, en este tiempo ha participado en casi 20 películas. Su trabajo en Cougar Town le valió un Emmy a la Mejor Actriz Invitada en 2013. Sin embargo, en el ámbito personal la actriz no ha tenido tanta suerte. Aniston se había casado en el año 2000 con el actor Brad Pitt, pero su matrimonio acabó en 2005 cuando Angelina Jolie se cruzó en el camino. El mundo se dividió entonces en Team Aniston y Team Jolie. El público femenino empatizó con la actriz que después de varios cambios de novio ha logrado la estabilidad junto a Justin Theroux. Llevan juntos desde 2011 y están comprometidos aunque todavía no hay fecha de boda. Con respecto a Friends, Aniston declaró recientemente: “Cogería a los cinco y continuaría rodando en algún punto en donde dejamos la serie porque los diez años de Friends fueron los mejores de mi vida”.

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Lisa Kudrow (Phoebe Buffay)
La actriz ha centrado su carrera en la televisión donde ha cosechado éxitos en las series The Comeback (2005-2014) y Web Therapy (2011-2014). Esta última, donde interpreta a una terapeuta, ha contado con cameos de sus compañeros en Friends Matt LeBlanc, David Schwimmer y Courteney Cox. Tras finalizar ambos trabajos, Lisa Kudrow ha vuelto al cine donde recientemente ha estrenado la película Malditos vecinos con Zac Efron. Su vida sentimental es, sin duda, la más estable de los personajes de la serie. En 1995 se casó con el ejecutivo de publicidad francés Michel Stern, con quien tiene un hijo, Julian Murray, de 14 años. Kudrow se queja de que todavía la identifican con Phoebe.

David Schwimmer

David Schwimmer (Ross Geller)
Tras su paso por Friends, David Schwimmer no ha hecho grandes papeles y en el más importante de todos no se le ve, ya que es la voz de Melman, la jirafa de Madagarcar. En el terreno personal, el actor se casó en el año 2010 con la fotógrafa británica Zoe Buckman, con quien tiene un hijo de cinco años, Cloe. En más de una ocasión Schwimmer ha confesado ser un padre totalmente entregado. Se rumorea que en 2010 rompió su relación con la que fue su pareja de ficción, Jennifer Aniston. Fue después de que el presentador David Letterman le preguntase a Aniston acerca de la prometida de su compañero y ésta dijese que no sabía que se casaba y ni siquiera fue capaz de recordar el nombre de su prometida.

Matt LeBlanc

Matt LeBlanc (Joey Tribbiani)
Tras finalizarse Friends, parecía que Matt LeBlanc iba a ser el mejor parado, ya que le habían preparado un spinoff a su personaje. Sin embargo la serie Joey no tuvo el éxito esperado y se canceló después de la segunda temporada. El fracaso de la serie le sumió en una profunda crisis. El actor tuvo que esperar varios años para volver a la primera línea y en una ocasión confesó, ya recuperado, que llegó a encerrarse durante cinco años en su casa de Santa Bárbara. En 2011 recuperó el éxito y la fama con la serie Episodes gracias a la que ganó un Globo de Oro en 2012. Cuando terminó de rodar Friends era un hombre casado con la exmodelo Melissa McKnight y padre de un niña, Marina (2004). Hoy está separado y mantiene una relación desde 2006, año de la ruptura, con la actriz Andrea Anders, su compañera en el spinoff de Friends, Joey.

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Matthew Perry (Chandler Bing)
Matthew Perry ha tenido mala suerte en la vida profesional y personal. Laboralmente, el actor ha participado en diferentes series, pero ninguna se ha logrado consolidar. Ni siquiera su sitcom Go On logró superar su primer año de vida. En su vida personal, sigue soltero y sin compromiso. Después de romper con la estudiante de moda Rachel Dunn, estuvo con la también actriz Lizzy Caplan, de quien se rumorea que se separó porque él no quería casarse. Todos los seguidores de Friends fueron testigos de las adicciones de Perry a través de sus constantes cambios de imagen. Comenzaron en 1997 cuando sufrió un accidente con la moto que le llevaría a engancharse a las pastillas. En el 2000 tuvo que ser ingresado en el hospital por una pancreatitis derivada del consumo excesivo de alcohol, lo que le llevaría a entrar en rehabilitación en 2001. Diez años después volvería a ingresar.

El Alzheimer que sufrió Rita Hayworth de mayor se confundió con el alcoholismo

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Sin duda alguna, Rita Hayworth fue una de las actrices más guapas que han pisado Hollywood desde que lo que en antaño fue una montaña sagrada para los indios de la región de California se convirtió en la meca del cine. Tuvo la suerte de alcanzar la cima del éxito cuando Hollywood brillaba con todo su esplendor, durante los dorados años 50, cuando las actrices se acostaban entre burbujas de champán francés y desayunaban con diamantes. Y, sin embargo, algo que poca gente sabe es que la protagonista del streaptese más sensual e icónico de la historia del cine murió desterrada en el olvido. A los cincuenta años empezó a enfermar de Alzheimer. Algo que, al no estar diagnosticado por aquel entonces, se confundió con el alcoholismo. Y así, señalada y condenada por una adicción que no padecía, la actriz falleció a los 68 años (1987), víctima de esta enfermedad que se le tardó veinte años en diagnosticar.

Pero hubo una época en que Rita Hayworth llegó a tener el mundo a sus pies. Fue una de las piezas clave del star system de Hollywood en una época en que la fuerza de la pantalla cinematográfica dominaba mentes y corazones de millones de personas en todo el mundo. La belleza pelirroja tuvo una vida digna de una de las tantas películas que protagonizó, en la que gastó millones de dólares y se casó cinco veces. Margarita Carmen Cansino, verdadero nombre de la actriz, era hija de un bailarín español y de una actriz de vodevil. Como suele ocurrir en este tipo de historias, un ejecutivo de la 20th Century Fox la vio bailar en México cuando ella tenía 16 años y la llevó a Hollywood para unas pruebas. Así obtuvo su primer papel en una película.

Ya por aquel entonces, Hayworth se casó con un petrolero cuarentón llamado Edward Judson, a quien posteriormente dejó para casarse con el director y actor Orson Welles. Su unión con Welles dio como fruto una hija, Rebecca, y un nuevo divorcio en 1948. Un año más tarde la guapa actriz contraería nupcias con el príncipe Ali Khan, del que también se divorció tras el nacimiento de su hija, Jasmin Khan. Su último matrimonio fue con el productor James Hill, de quien se divorció en 1961. Ya entonces empezaron los primeros síntomas de su enfermedad. La dolencia que padecía Rita Hayworth era una especie de senilidad precoz: Alzheimer, una enfermedad que hoy en día nos es muy familiar, pero que en los 80 era una gran desconocida. Su muerte fue triste y degradante. Se la señaló y se la etiquetó sin piedad por estar enferma. Y como ocurre a menudo, al final la gente olvidó quien había sido. Como en aquella célebre cita suya en la que, con voz desvalida, confesaba que ser una estrella no era tan fabuloso: “Verán, lo que ocurre es que los hombres se acuestan con Gilda y se despiertan conmigo…“.

Keira Knightley

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Keira Knightley es, sin duda, una chica elegante y, posiblemente una de las actrices más guapas de Hollywood. Su mirada, profunda y penetrante, consigue expresar el amplio abanico de sentimientos y emociones de sus personajes en la gran pantalla. Ahora, además, la actriz está felizmente embarazada. Estas imágenes, de una entrega de premios cinematográficos, son un tributo a la elegancia. El vestido en azul marino combina a la prefección con el tul negro de la falda, a juego con las lentejuelas. Sin duda, un diseño original con unos aires  muy románticos, a los que la musa de Chanel ya nos tiene acostumbrados. Pero no solamente importa la elección del vestido. Los complementos, el maquillaje y el peinado son tan o más importantes. Y en eso Keira tiene claro que menos es más y demuestra con maestría que los labios rojos son más sensuales que cualquier joya.

¿Conocer antes de juzgar? No, mejor te pongo una etiqueta

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La “pija” con cara de no haber roto jamás un plato, el freaky que va de enrollado, el pelota que apuñala por la espalda, la guapa “devorahombres”, el “sabelotodo”…Los humanos, mujeres y hombres por igual, tenemos la tendencia de etiquetar a la gente, así sin más. Nos regimos por los estereotipos que nos ha inculcado la sociedad occidental impregnada de un sinfín de prejuicios y unos patrones de personalidad simplones y poco fiables. Es la consecuencia de habernos dejado conquistar por la menguante cultura de masas norteamericana, esa que inventó la producción en cadena, allá por los años 20. Les funcionó con los coches y decidieron implementar el sistema a todo, incluida la cultura. Y así, sin más explicación, se convirtieron en los reyes de la fabricación en cadena de estereotipos de baja complejidad y fáciles de comprender y amar. El cine y la televisión hicieron el resto; se limitaron a llenar sus historias de estos personajes: el poli bueno, la guapa tonta, el listo tímido y el cachas con pocas luces, entre tantos otros.

Y aquí estamos, aquí seguimos. Como si de un capítulo de Friends se tratara, contemplamos el mundo en busca de la guapa niña de papá que se independiza, el “sabelotodo” torpe de buen corazón y el buenorro que no entiende nada pero que hace reír a todo el mundo. Etiquetar a la gente que no conocemos es la opción fácil y como seres simples que somos los humanos, nos limitamos a elegir la opción que menos esfuerzo requiere. ¿Conocer al chico nuevo de la oficina? ¿Por qué? Le cuelgo la etiqueta de “becario introvertido” y listos. ¿Esforzarme en conocer a los nuevos vecinos? ¡Qué palo! Parecen marroquíes; les colgaré las etiquetas de “marido gruñón” y “mujer abnegada”.

Tan triste y tan real. Somos así de injustos en nuestro día a día. Como cuando éramos niños en el recreo, nos dejamos dominar por los prejuicios. Somos víctimas de la pereza y juzgamos a diario sin darnos cuenta, convirtiéndonos en seres despreciables. Paradójico. Absurdo. Ya lo dijo Shakespeare: “Esta vida es un gran teatro; solo somos actores que nos limitamos a actuar”.

Frank Sinatra fingía suicidarse cuando discutía con Ava Gardner

Frank Sinatra and Ava Gardner Walking on Beach

Bien sabido es que el célebre Frank Sinatra y la eclipsadora Ava Garnder, ‘el animal más bello del mundo’, protagonizaron una de las relaciones más tumultuosas de la meca del cine de los años 50. Casados durante seis años, sus peleas se filtraron a menudo a la prensa sensacionalista del momento. Sin embargo, lo que pocos saben es que Frank utilizaba toda clase de artimañas para atraer la atención de Ava. La especialidad del cantante, según reveló la propia actriz en sus Memorias, era fingir que se suicidaba cuando tenía una bronca con su ella. Lo hacía con medicamentos o encerrándose en una habitación y disparando una pistola. “ Yo entraba en la habitación y él estaba allí, sentado en la cama en calzoncillos, con la pistola humeante en la mano, sonriendo como un niño. Había disparado contra la almohada”, recordó la actriz en una ocasión. Era un truco, pero funcionaba: “Yo lo entendía como un grito de auxilio y siempre piqué”.

La primera vez que Sinatra vio en persona a Ava Gardner fue en 1942, en un club al que ella acudía con su entonces esposo, el popular comediante Mickey Rooney, para escuchar al célebre cantante.  En aquél momento, Sinatra estaba en lo más alto de su carrera y ella empezaba a destacar como actriz.

 ¿Por qué no te conocí antes que Mickey? Ahora estarías casada conmigo. – le dijo Sinatra a Gardner en tono burlón.

Años después, se convertiría en una realidad. En 1949, cuando Ava ya era considerada una de las mujeres más bellas del mundo, se embarcó en una relación con Frank, que estaba casado y tenía hijos. La prensa descubrió la relación y la propagó a los cuatro vientos. El efecto mariposa no tardó en llegar y al cabo de poco tiempo la mujer de Sinatra tomó la iniciativa de separarse. En 1951, dos días después de un romántico paseo por una playa de Miami, Sinatra y Gardner se casaron. Sin embargo, su matrimonio no duró demasiado. En 1957 se separaron por “diferencias irreconciliables” entre ambos. Posiblemente, debido a sus fuertes caracteres y sus constantes peleas. Sinatra volvió a casarse en dos ocasiones más, pero se dice que siempre siguió amando a Ava. Ella nunca volvió a casarse y se cuenta que durante su retiro en Londres hasta su muerte escuchó sin cesar los discos de Frank.

Naomi Watts

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Una de las actrices más camaleónicas de Hollywood y, probablemente, también una de las más elegantes de la meca del cine. Naomi Watts tiene ese savoir faire al alcance de unas pocas, la virtud de saber combinar a la perfección la elegancia en el vestir con esa naturalidad que transmite de forma innata. En este look, invernal y urbano, la vemos lucir un precioso abrigo de cachemir beige tipo batín. Bolso bandolera y jeggings de cuero negro dan un toque muy actual al estilismo. Lo mejor de la imagen: su sonrisa espontanea que deja entrever algunas arruguitas. Por fin una foto real que demuestra que se puede ser guapísima a pesar del paso de los años.

Si no te llama es que no le interesas

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Finalmente te has acostado con ese chico que tanto te gusta. Pero, muy a tu pesar, tras una breve despedida repleta de elogios, no has vuelto a saber nada de él. Desaparecido de la faz de la Tierra. ¿Por qué? Con la de mensajes que os escribíais al día, la ilusión por tener tantas aficiones en común, los nervios previos a la primera cita…Si fue fantástica. Una cena deliciosa, una conversación interesante…Y terminasteis en la cama. ¿Por qué todo terminó después del sexo?

Por más vueltas que le des, siempre intentarás convencerte de lo mismo: mil excusas sin sentido con las que seguir alimentando tu ilusión por creer que le gustas y que si no te ha llamado es porque su avión se ha estrellado, se ha perdido en los Andes o su móvil se ha extraviado sin explicación. ¿Acaso te creíste que tenía muchísimo trabajo a la semana siguiente? ¿O que le visitaba un amigo o se iba de viaje de negocios? Por supuesto que no. Cuando a un hombre le gustas, le gustas y basta. Si le interesas, querrá volver a quedar contigo y sacará el tiempo de donde sea.

Si el sexo estuvo bien, querrá repetir, como mínimo un par de veces más. Aunque no quiera nada serio; si el sexo es bueno, querrá más. Y da igual si tiene muchísimo trabajo; puede estar varias noches sin dormir. Si tiene un amigo instalado en su piso, se le muere el perro o viaja el día siguiente a Japón…Da igual. Volverá.

“No me ha llamado…¿Será por esto o por lo otro o por lo de más alla?”. Bla, bla, bla…Si no te llama, no le gustas y punto. Debes aceptarlo. A veces ocurre. Y es probable que mientras tu esperas desesperada una llamada y él pasa de ti, no se esté quietecito. Saldrá con los amigos, irá al gimnasio o a cenar por ahí. Vaya donde vaya, conocerá a otras chicas y tú, mientras, perderás el tiempo esperando algo que jamás ocurrirá.

Puede, incluso, que fueras la número 2 de la lista y que, al no conseguir a la chica por la que está realmente interesado, quedara contigo. Es una opción. Esta especie de infidelidad metafórica” de estar con una persona cuando en realidad quieres estar con otra.

Así que ¡basta! A por otra cosa. Lo mejor es vivir cada instante sin esperar tanto a cambio. Siempre idealizando la situación, siempre buscando la perfección…Aceptemos que no existe. Aceptemos que no podemos gustar a todo el mundo. Aceptemos que a veces las cosas no salen como esperábamos. Aceptemos el rechazo.

Clark Gable nunca superó la muerte de Carole Lombard

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Clark Gable, el rey de Hollywood de la Época Dorada, y Carole Lombard, la actriz cómica mejor pagada por aquel entonces, se conocieron en el rodaje de la película No Man of her Own (1933), pero no fue hasta unos años más tarde, cuando coincidieron en el baile Mayfair, que saltó la chispa entre ellos. Ella estaba casada con el actor William Powell y él con una millonaria diecisiete años mayor. El romance empezó a ocupar las portadas de todos los tabloides de Hollywood y tres años más tarde, en 1939, se casaron en Arizona.

Sin duda alguna, fueron una de las parejas más unidas de la Meca del Cine, pero su felicidad fue efímera. En 1942, Lombard murió en accidente de avión a los 33 años. Una moneda al aire decidió su fortuna, cuando perdió la apuesta contra su madre, acerca de regresar en tren o en avión a Los Ángeles, después de una presentación en Indiana a la que la actriz había acudido para recabar fondos para la guerra contra los nazis.

Era la noche del 16 de enero de 1942 cuando el Douglas DC-3 en que viajaba la rubia se desintegró contra el Table Rock Mountain, a las afueras de Nevada. Su madre no quería subir al avión porque tuvo un mal presagio, pero su hija la convenció. Murieron juntas, con 20 acompañantes más.

Gable nunca se recuperó del mazazo emocional que le supuso la pérdida de su mujer. Se llegó a decir que el aclamado actor enloqueció de dolor. Un año después de la muerte de Lombard, posiblemente para sofocar el luto, decidió unirse a la Fuerza Aérea y voló en misiones de guerra sobre Alemania. Aunque parecía dispuesto a dar su vida por la causa, Gable regresó en perfecto estado de la guerra. No murió hasta 20 años después de Lombard y, aunque se volvió a casar dos veces, su cuerpo fue enterrado junto al de su querida Carole, el “ángel rubio de ojos claros”.

Ryan Gosling

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Ryan Gosling, aquel tierno chico de la América profunda que nos enamoró con El Diario de Noa y nos hizo acelerar las palpitaciones en Drive, se ha convertido en todo un gentleman de la meca del cine. No es excesivamente guapo, pero tiene ese “no sé qué” que lo ha catapultado como uno de los hombres más deseados del planeta. Será por su actitud reservada, su aire misterioso y ese estilo de galán con aires bohemios que transmite a través de sus looks. Aquí lo vemos paseando con su chica, Eva Mendes, por París. Chaqueta negra de lana, jeans y bufanda a rayas que aporta un toque de color al look. ¡Qué poco hace falta para lograr un estilismo perfecto! Será cierto que la elegancia no tiene nada que ver con las telas; es una cuestión de actitud.