Olivia Palermo

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Es, sin lugar a dudas, la it girl más conocida del mundo, que repite reinado como chica de tendencia año tras año. Hija de un rico promotor inmobiliario y casada desde junio de 2014 con el modelo alemán Johannes Huebl, Olivia Palermo es un referente en el mundo de la moda. Lo demuestra tanto en los actos de la alta sociedad a los que asiste de forma habitual como en sus salidas cotidianas por ciudades de medio mundo. Vaya donde vaya, siempre luce estilismos impecables. No podía ser menos en lo que al deporte hace referencia. Y así de mona salió la socialité a pasear a su perro por las calles de la Gran Manzana con un look de sneaker friday. Calzado deportivo, leggings básicos a medio tobillo y, la clave del look, una camisa holgada atada a la cintura en un lazo. Para complementar el estilismo, gafas de sol XXL y uñas en color coral. Con poco se puede ser muy elegante.

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Tener un día rojo

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– Escuche, ¿sabe cuándo uno pasa por los días rojos?
– ¿Los días rojos? ¿Quiere decir deprimidos?
– No. Te deprimes cuando engordas o cuando llueve mucho. Te pones triste. Eso es todo. Los días rojos son horribles. De repente, uno tiene miedo y no sabe por qué.
– Por supuesto.
– Cuando me siento así, lo único que me ayuda es subir a un taxi e ir a Tiffany’s. Me calma los nervios enseguida. Es tan silencioso y soberbio. Allí no puede ocurrir nada malo. Si encontrara un lugar que me hiciera sentir como Tiffany’s, entonces compraría muebles y le daría un nombre al gato.

Esa era una de las tantas memorables conversaciones entre Holly Golightly (Audrey Hepburn) y Paul ‘Fred’ Varjak (George Peppard) en Desayuno con diamantes. La dulce Holly, más allá del aspecto sofisticado, escondía su fragilidad detrás de unas gafas de sol, un vestido negro de noche y un collar de perlas. Y así, metida en su disfraz de Cenicienta del siglo XX, huía de sus miedos por la ciudad de los rascacielos en busca de cobijo. Su refugio se llamaba Tiffany’s y estaba repleto de diamantes y anillos de pedida que le recordaban que no había sido afortunada en el amor. Pero allí ella se sentía a gusto, contemplando su sueño inalcanzable, ataviada debidamente para hacer más placentero el autoengaño.

Al ver una vez más la escena de la mítica historia ideada por Truman Capote, no puedo evitar preguntarme: ¿Somos todos como Holly? ¿Cada uno de nosotros tiene su propio refugio, aquel sitio que le transmite paz, que le permite escapar de sus tormentos? Una joyería, un paraje, una calle, una canción, un recuerdo…Si me paro a pensarlo, debo reconocer que yo tengo mi propio Tiffany’s. Ese lugar que me sosiega, que me ayuda a evadirme, que me transmite paz. Es un sitio al que hace mucho tiempo que no he ido, no con la intención de huir de nada.

Me parece muy saludable, incluso diría que necesario, que cada persona tenga ese lugar al que acudir cuando siente incertidumbre, dudas, miedo, nervios…Ese sitio que transmite calma, que invita a soñar y a ser libre. Imagino que todos necesitamos un refugio. Holly lo dejó bien claro. Puedes ser quien quieras, pero al final siempre te encuentras contigo mismo. Y, a menudo, cuando eso ocurre es cuando necesitas huir porque te sientes frágil y vulnerable y es entonces cuando ese sitio mágico te cobija y te calma. Pero quizás lo mejor de tener tu Tiffany’s no sea el hecho de haberlo encontrado para poder acudir a él, sino olvidar que existe porque ya no necesitas huir de nada.